Dezeen presentó Buoy el 1 de noviembre; The New Raw ofrece los detalles del proyecto. Según el estudio, los cabos desechados del puerto de Róterdam se reciclan para imprimir asientos públicos en 3D mediante robots. Las formas remiten al movimiento de las boyas.

Atrae especialmente el recorrido geográfico corto: un residuo urbano conocido se convierte en algo para la misma ciudad. Su origen no necesita ocultarse tras una superficie nueva e impecable. Las capas de impresión recuerdan que el objeto no salió de una promesa verde abstracta.

La responsabilidad ambiental no termina en la sesión de fotos. Queremos saber cómo se repara, mantiene y recicla después un mueble así. El círculo bonito de la presentación tendrá que cerrarse también en la vida real. De momento, el cabo ha cambiado de profesión de forma inusual: antes sujetaba un barco; ahora ayuda a quedarse un rato junto al agua.