En una entrevista de Creative Boom del 3 de noviembre, Moho cuenta cómo trabaja con sueños enviados por desconocidos. Se convierten en animaciones cortas donde el atractivo convive con la inquietud.

Nos interesa la materia de partida. Un sueño no tiene obligación de explicar cada suceso ni de llevar ordenadamente a su protagonista hacia una conclusión. Una imagen puede sostenerse en una sensación mientras quien edita el relato prepara preguntas sobre la lógica. Para narrar visualmente resulta liberador: no hace falta reparar toda rareza antes de empezar.

La libertad tampoco equivale a juntar detalles bonitos al azar. Retira mentalmente el objeto más espectacular de la escena: ¿sobrevive el ambiente o se marcha con él toda la idea? También sirve para proyectos muy terrenales. A veces la imagen necesita otra capa de significado. Otras, que dejen de decorarla. Por suerte, un sueño no necesita tener ambas opciones aprobadas para el viernes.