Bráulio Amado tiene una biblioteca de referencias que no cabe en una carpeta: la calle. En una nueva entrevista con It’s Nice That cuenta cómo entrena la mirada para detectar lo gastado, lo dañado y lo tan corriente que ya dejamos de verlo.

Después de un día rodeado de imágenes perfectamente diseñadas, un arañazo puede sugerir una forma que el moodboard nunca encontrará. Lo plantea como un ejercicio de atención, no como un atajo secreto hacia la obra maestra. También explica cómo presenta a sus clientes una segunda propuesta inesperada junto con el razonamiento que la sostiene. El experimento se entiende mejor si se ve el camino.

Y cuando el día se tuerce, pasear por el parque puede servir más que otra hora heroica frente al monitor. Admite que hay días sin buenas ideas. Un detalle tranquilizador viniendo de alguien cuyos carteles suelen tener ideas para tres.